Vivir sin maltrato… Es una idea acerca de la cual mis pacientes se preguntan a menudo, con asombro e incredulidad, como si se tratase de un estado utópico, inalcanzable.
por Aníbal Santoro
Leo en el diario Clarín de Buenos Aires una nota policial escalofriante. Si bien loacontecido causa estupor e indignación, lo verdaderamente lamentable es que se podría haber evitado.
En resumen se trata de un caso de maltrato reiterado que termina con el asesinato de la mujer luego de que la misma le otorga el perdón y se casa con su victimario. Dicho perdón le otorgó al que luego sería su esposo, la posibilidad de salir en libertad tras la figura penal del avenimiento.
Al poco tiempo de producido el asesinato de la mujer, la figura del avenimiento fue eliminada del Código Penal de la Argentina.
Esto que parece tan lejano (7,548 km entre México y Buenos Aires) refiere a un tema que difícilmente se expone en la consulta… aunque se intuye y, en contadas oportunidades, se logra traer a la luz.
Son muchas las mujeres que viven actos de violencia sexual, desde acoso hasta violación, que no denuncian al hombre que las sometió. Algunas por el trauma ocasionado en ellas, un estado de shock que se entierra en su inconsciente echando mando de mecanismos de defensa como la negación, la escisión y la disociación. Otras no denuncian lo que les ha sucedido por valederas cuestiones de temor.
Como sociedad tenemos mucho que trabajar. No basta una ley contra la trata de personas cuando en ciertos Estados el abuso sexual de menores no es considerado delito. No es suficiente para alentar a una mujer a que exponga su caso si al llegar a la Procuraduría le señalan que mejor se regrese e intente arreglar la situación con su pareja.
No hay estructura legal porque no hay cultura.
He oído muchas veces de boca de mis pacientes acerca de “consejos” brindados por amigas y hasta por las madres de las víctimas, respecto a que debían buscar la forma de agradar a su pareja: “búscate una lencería erótica que lo deje con la boca abierta” o “tienes que cambiar tu actitud” o “es un hombre, no le des motivos” o “te sirve, te da cosas, te da alimento y techo, ¿qué más quieres? (me parece de todos el peor, sin quitarle lo aberrante a los anteriores) .
Esa cultura de “la mujer tiene que hacer lo que sea necesario para retener a su hombre” es el peor estigma que se ha enquistado en la sociedad. Ante eso, las leyes poco pueden hacer ya que hay una educación retransmitida de generación en generación mediante la complicidad de las madres. Sí. Hasta ahora siempre ha surgido este concepto asociado a la madre o a una figura materna sustituta; la mujer que enseña a otra a someterse para obtener un beneficio.
Me entusiasma que en otras partes del mundo surjan estrategias, programas, planes, para ir erradicando el maltrato en toda relación humana. No obstante me cuestiono si dichos proyectos serían viables en México pensando en lo que la cultura impone (recientemente, nuestro país ha sido catalogado como el peor para ser mujer).
No sé cómo le irá al esposo violador y asesino en la Argentina. Pero sí se que en Europa le habría ido muy mal.
En Europa existe un plan a nivel Comunidad Europea que trasciende las fronteras y las culturas locales. Se llama: Proyecto Daphne. Pretende erradicar todo tipo de violencia contra mujeres, adolescentes y niñas, aunque también incluye protocolos y sugerencias para respectar la equidad (igualdad de derechos) de todos (incluye el trato a aquellos que eligen una orientación homosexual).
En Italia, un acosador es recluido hasta por 4 años. Pero dado el caso en que su víctima perdiera la vida por mano del acosador o cometiendo suicidio, la pena es de cadena perpetua.
En Inglaterra primero se le impone al acosador una interdicción de proximidad. Si la quiebra pasará 5 meses en la cárcel. Si reincide, serán 5 años.
En otro blog hablaré de lo que se sabe y se oculta del acoso en todas sus modalidades, con el objetivo de llevar conciencia a las mujeres que padecen en vínculos destructivos para que puedan incorporar la idea de que hay salida… y se debe querer salir!
Sólo para dejar las cosas parejas, hay también hombres que viven estas situaciones pero la sociedad y la cultura los someten (de nuevo) debido a que no “debe un hombre ser menos que una mujer” (algo que de hecho sucede cuando es la mujer la que maltrata al hombre).
Mientras tanto, a todas las mamás, tías, abuelas, hermanas, primas y amigas, un concreto llamado a la reflexión para comenzar a cambiar la cultura en favor de la dignidad y de la equidad: repensar las premisas sociales aprendidas; cuestionarlas; investigar para confrontarlas con otros modelos sociales; y detener su retransmisión por tradición oral.
Nos leemos la próxima!
Por si les resulta de interés (por favor no accedan a la nota periodística por morbo) con la intención de aclarar acerca de lo que escribo les dejo la dirección de la crónica:
http://www.clarin.com/sociedad/Carla_Figueroa-avenimiento_0_721128099.html